dilluns, 7 de juliol de 2014

Duppy Conquerors

Primero de todo, querría pedir disculpas a tod@s l@s que habéis estado enviando mails preguntando por futuros bolos y oportunidades de ver "Jo Mai". Tardamos en responder porque hemos estado ocupados con las diversas aventuras en las que nos hemos enfrascado en la companyia Prisamata, dedicándonos a mover nuestro otro espectáculo en movimiento, "Sé de un lugar", fuera de Catalunya, y cocinando, en el laboratorio, nuevos proyectos aún demasiado verdes como para comentar aún detalladamente.

Los intérpretes de la función también se han disgregado en otros proyectos. Així, cinc cèntims breus: Marcel no para de actuar, dirigir y escribir en cine, teatro, tele, madurando su oficio sin dejar de investigar. Álex se ha dedicado a rodar y prepara un par de peliculas con una pintaza que te mueres. Oriol también tiene algunos proyectos por ahí que huelen muy bien, y no deja de dedicarle amor al teatro, colaborando en una iniciativa tan interesante como "Els Malnascuts" de la Sala Beckett o dándole alas al espectáculo de su propia cia., Espai Dual, "Cabaret K-Barat".

Personalmente, tengo muchas ganas de ver cómo respiramos cuando volvamos a encontrarnos todos de nuevo en el Bar Amparo, porque sé que todos tendremos mucho nuevo a aportar, de nuestros respectivos viajes.

Por otro lado, es un buen momento para recordar cómo empezó todo, allí en el Adrià Antic de l'Antic Teatre, en La Pau, a pan y cuchillo en el Bar Moncho's. O en Camprodon Shore, refugio de nuestra socia eterna Eli Cabrero, y de Esther, casi parte del mobiliario del Bar(sin quitarle el trono a Berta, nuestra cheer-leader número uno). Luego vinieron Bitò, el CAET, el Grec, el Teatre Lliure... Y nos ayudaron a que la máquina pudiera avanzar. Pero es bueno recordar aquellas primeras chispas, con las estufas, aún palpándonos, aislados, haciendo familia. El Bar Amparo.

Por eso, desde que terminamos en el Lliure de Gràcia, teníamos muy claro que "Jo Mai", si seguía caminando, debía de ser en el camino de sus raíces. La apuesta de la que más orgullosos nos sentimos con esta función, y creo que puedo hablar en nombre de todo el equipo, es haber llevado ese Bar Amparo, desolado, doloroso, rabioso, pero lleno de hambre y de alegría visceral, a todo tipo de lugares. "Jo mai" no puede dejar de ser nunca una fiesta ritual, caótica, ebria. No hemos intentado hacer un teatro demasiado confortable, una experiencia de algodón, sino todo lo contrario, un lugar tan incómodo y sudoroso como puede llegar a serlo aquella fiesta tan delirante en la que acabaste cambiando tu vida. De hecho, como nos demuestran iniciativas tan estimulantes y diferentes como "El Teatro del Bario" en Madrid o Teatre d'Estrangis en Catalunya, la experiencia teatral y debe de ser muchas cosas: Esto también.

Así que nuestro plan, con "Jo mai", es seguir abriendo camino en ese lugar en el que ir a fliparlo a un concierto o acudir a una obra de teatro se pueden dar de la mano. Soñamos con un teatro que pueda convertirse en un lugar de encuentro de personas, en un espacio no sólo en el que observar sino en el que vivir, comunicarse, conectar. Y por eso hemos decidido levantar el Bar Amparo...

..en algún lugar, como una seta, aparecer y desaparecer...

...y es esto en lo que estamos trabajando.

No creemos necesario dar muchos más detalles, por ahora. Tan sólo os pedimos un poco de paciencia y atención. Este es un proceso lento, no estamos siguiendo ninguna fórmula ni ningún camino establecido, y tenemos que descubrir los mecanismos, pero no dejamos de ocuparnos en ello. De la misma manera que "Sé de un lugar" ha tenido, y sigue teniendo, más de tres años de vida desde que se estrenó, sabemos que "Jo mai" aún tiene que pasar por varios capítulos más.

Mientras tanto, tenemos que preparar la función en castellano para estrenarla así en Logroño, este Octubre. Estamos intentando poder llevarla a festivales en Madrid y en Buenos Aires, que son las formas de girar más sostenibles económicamente que un espectáculo independiente pero con unas ciertas necesidades técnicas como este tiene. Y nos consta que nuestra distribuidora, Marta Oliveres, sigue buscando bolos por aquí y allá que puedan compaginarse con los complicados calendarios que todos tenemos.



¿Qué le vamos a hacer? Es Teatro. No podemos dejar de hacerlo.

dimecres, 26 de març de 2014

Area de servicio


Después de la temporada en el Lliure la Companyia Prisamata marchó a Buenos Aires con Sé de un lugar y dejamos al Bar Amparo descansando unas semanas.

A la vuelta, tras un par de semanas, volveríamos al ataque, ahora con los bolos de JO MAI.

Casi sin descanso. Saltando de una obra a otra, de una ciudad a otra, de teatro en teatro.

Una de las peculiaridades de JO MAI es que cada teatro nuevo al que llega pide remontar el espectáculo, modificar las luces, nuevos movimientos para los actores, entradas diferentes, salidas... La experiencia JO MAI pide convertir cada teatro en el Bar Amparo, y para que eso suceda hay que investigar las posibilidades de cada espacio y aprovecharlas al máximo.

En ese sentido, los primeros bolos nos sirvieron para entender en qué nos habíamos metido, y a partir de ahí mejorar el proceso, por parte de dirección, para economizar el tiempo sin dejar de hacer lo que cada función demanda. Al principio, después de que los técnicos prepararan el espacio(a veces ya empezaban el día antes, y siempre una matada de horas y horas, colocar focos, recuperar memorias, mover instrumentos, probarlos...) llegábamos todo el equipo, actores incluidos, y remontábamos toda la función, en sesiones de trabajo de cuatro o cinco horas, teniendo en cuenta que luego se pasarían dos horas de preparación y calentamiento, más la hora y media de función. Una matada. No way.

Era de cajón que así no podíamos trabajar y, finalmente, encontramos una manera mucho más práctica. Primero los técnicos lo preparaban todo, luego llegaba yo y hacía un repaso a todas las luces y preparaba los movimientos que luego, cuando llegasen, le explicaría en apenas veinte minutos a los actores. Ellos, rápidamente, los incorporaban y así podían dedicarse esencialmente a prepararse física y emocionalmente para la función.

La primera vez que instalamos este sistema, en el Atrium de Viladecans si mi memoria no me falla, me tranquilicé muchísimo: Los muchos cambios de puesta en escena que debían incorporar en muy poco tiempo no sólo no confundieron a los actores sino que además les acabaron de empujar a hacer totalmente suya la función. Muchas de las decisiones escénicas las empezaron a tomar ellos, a improvisar a partir de las coordenadas dadas, a tomar firmemente la responsabilidad de convertir sin excusas cada teatro en el Bar Amparo.

Eso sí, cada bolo me daba apuro al ver el currazo que David, con las luces, y Xavi Pla, con la regiduria, se pegaban. Y acabar función en una punta de Catalunya y salir hacia la otra punta para preparar la siguiente y dejarlo todo listo para el resto del equipo. Marta se curró un buen sistema para poder hacer todos los bolos con la máxima tranquilidad posible, pero el fin de semana Andorra-Banyoles-Lloret fue uno de esos tour de force que me costará mucho olvidar.


Además, para más inri, un servidor, que siempre busca la obra perfecta, iba dando tijeretazos al texto entre función y función, cargándome este monólogo aquí, este baile allá, en busca del viajazo supremo para los actores y para el público. Uno siempre tiene miedo de decirle un actor: "Oye, ese monólogo que llevamos dos años trabajando, hoy no lo digas". Pero debo decir que en este caso la respuesta de los intérpretes fue de una generosidad sin fisuras. Y no podía ser menos. Llegados a este punto, la función es de todos. A riesgo de reiterarme, me había quedado más que claro al ver como se adueñaban de cada momento, cada gesto, cada situación, y empezaban a dirigirse entre ellos y a implicarse sin mi batuta. Debo confesar que alguna vez me he paseado entre ellos, mientras calentaban, con la intención de dar alguna nota, y me he sentido inútil y desplazado, como cuando de pequeño el equipo de fútbol no quiere contar contigo. Han sido momentos escasos, tampoco pequemos de falsa humildad, siempre había ese detalle, esa frase, ese monólogo, donde veía que necesitaban ese pequeño toque. Y era precioso darlo.


Creo que una de las mejores cosas de esta parte de la gira ha sido precisamente eso: Los actores, los técnicos, yo mismo, al tener que aprender a defender la obra en plazas tan diferentes a un ritmo tan poco pausado, hemos aprendido a distinguir la paja del grano, nos ha obligado a esencializar y a entender la esencia profunda de la obra.

También nos ha obligado a aprender mucho las diferentes reacciones del público. Una obra como esta, que subvierte el pacto teatral a la italiana al que estamos acostumbrados a entregarnos, puede conseguir dos tipos de reacciones adversas: Una, la de los que se niegan a plantearse ese pacto teatral: Todo lo que salga de la idea convencional establecida(y muy limitada, a mi entender) de lo que es el teatro no les interesa y no le quieren prestar atención(he visto gente mayor negándose a girar la cabeza en toda la obra, aunque lo más interesante estuviera pasando a sus espaldas). Otra, la de los que directamente no conocen el pacto teatral: Gente, adolescentes normalmente, que no han llegado nunca a someterse al ejercicio de pasividad que pide la experiencia teatral, y que si ven actores caminando a su alrededor, entienden que pueden hacer ellos también lo que quieran. A veces he sentido que lanzaba a los actores a los leones.



Eso nos ha obligado a aprender a servir la obra cada vez mejor, a salvar esos obstáculos y seducir el público para una experiencia tan descolocadora a veces como puede ser JO MAI. Los actores han aprendido a tratar al público, a quererlo y a hipnotizarlo. Yo he aprendido a ayudar este proceso modificando la iluminación, la relación con el espacio, para conducir mejor al público y que no se nos escape.

Del primer bolo en el Teatre de Salt, en el que los chicos se tiraron a la piscina con arrojo pero aún con cierta inseguridad, acostumbrados a salir a matar en el Lliure de Gràcia pero ahora lógicamente desubicados, con la sensación de jugar fuera de casa; al último en Olot, donde ya estaban más que sobrados y se permitieron pasarse y reinventarse más de una escena sin dejar nunca de explicar la obra con fidelidad religiosa. La evolución, en tan solo unas semanas, fue milagrosa.

Y, de nuevo, el público, te confirma que no vas mal encaminado. Ese público que sale vibrando de la función, como si acabara de salir de una montaña rusa. Esa mujer de cuarenta años que te dice que es la primera vez que va al teatro y que "impresiona, así en persona". Esas jóvenes que te confiesan que han visto la función seis veces. Esas adolescentes excitadas que corren para tener una copia del poster de la obra que colgar en su cuarto. Esos colegas que te dicen "qué punkada" y te sonríen con la complicidad del que se ha sentido comprendido. También esos que necesitan decir que no les ha gustado, pero airados, con cierta bilis, como si hubiéramos hecho algo que no toca. Y, no puedo olvidarme, claro, de los programadores, que saben que tienen entre manos una obra arriesgada, pero que apuestan por JO MAI porque creen que es una manera de abrir la puerta a nuevos públicos, y que hacen las mil y una(como nuestro ínclito Paco Moreno & company, disfrazado de entrada por las calles de Lloret) para llenar nuestros teatros. La cara de los programadores, satisfechos, tras ver que su apuesta no había sido en balde, al final de la función, luminosos. Son esas miradas las que te hacen volver a casa, en la furgo, escuchando los últimos descubrimientos musicales de Álex, con la tranquilidad de que, como decía George Peppard, los planes han salido bien.

Y, volviendo de ese último bolo, Oriol, con mirada traviesa, me dice: "Ara sí, tio, ara el JO MAI sí mola!"



Y es esa sensación constante, la del "Ara sí!", que, pasado un tiempo, se eclipsa ante otro "Ara sí!" que parece mayor, la que nos mantiene enganchados a esta aventura.

Ahora los diferentes compromisos laborales de cada uno nos han obligado a hacer una pausa, para repostar. Los Prisamata nos vamos con Sé de un lugar a Madrid. El reparto tiene sus pelis, sus obras de teatro(por cierto, no se pierdan a Oriol con su "Cabaret K Barat", ni las futuras direcciones de Marcel con su socio Nao), pero nos miramos entre nosotros y sabemos que tenemos muchas ganas de seguir dándole vida a JO MAI, de volver a sentir el próximo "Ara sí!".

Oficialmente, los próximos bolos son en Septiembre, Marta está encajándolo todo como ella sabe para volver a tener una buena pequeña gira a principios de la próxima temporada. Algunas de las plazas que se rumorean me ponen muchísimo, pero prefiero no gafar nada.

Pero tenemos más ganas de JO MAI, y de seguir haciéndolo a nuestra manera. Así que es muy probable que algo se nos ocurra, algo especial, algo que nos permita seguir explorando, buscar un nuevo "Ara sí!", y que nos permita seguir haciendo realidad cosas que no sabemos si se pueden o no hacer. Tenemos lo básico, tenemos la necesidad.



Sigan atentos a este dial, seguro que pronto habrán novedades.

















 (fotos de Xavi Pla)



diumenge, 2 de febrer de 2014

Amparo Lliure



Escribí JO MAI desnudándome totalmente, dándole la vuelta a mi piel cómo un calcetín.

Y así es cómo la hemos levantado, desde que a mediados del 2012 nos empezamos a encontrar por primera vez con el equipo hasta ahora. Ya hace dos años de eso, dos años de compartir entre todos tanta intimidad, y de encontrar la manera de sacarla de nosotros y dejarla en un escenario.

Levantamos JO MAI pensando en los Franks, Isis, Maxis, Julias, Guilles, de nuestras vidas. Que podríamos haber sido nosotros si no hiciéramos teatro, que no vienen casi nunca a vernos, porque tienen otros menesteres, y porque, al contrario que la música, que el cine, que los tebeos o que el vandalismo puro, sienten que el teatro les ha dado un poco la espalda. Levantamos JO MAI despertando a los Franks, Isis, Maxis, Julias, Guilles, que guardamos dentro de nosotros.



Y ahora, por fin, hemos compartido todo esto en un lugar, una casa, el Teatre Lliure de Gràcia, nuestro Bar Amparo durante tres semanas, con toda la gente que ha querido entrar a vivir con nosotros durante un rato.

Calculo, así, mal y pronto, que en esta etapa deben haber visto la función casi 3,500 personas.

He estado en prácticamente todas las funciones. He intentado observarles a todos, saber quienes son esas personas: Jóvenes adolescentes que no han pisado un teatro en su vida, intelectuales de mirada inquisitiva, chavalada que podría ir al Primavera, señoras de postín y parejas con posibles, colegas de profesión curiosos, institutos, chavales en riesgo de exclusión social, fans ilusionadas, algunos de nuestros héroes del teatro, estudiantes de interpretación con mucho hambre... Etcétera, etcétera.

Es decir: Mezcla.

Mucha mezcla.



Y a esa mezcla de gente, con su atención, con su ceño fruncido, con sus comentarios en plena escena, con su mirada de asombro, con sus móviles sonando y las miradas de reproche de los de al lado, con su boca abierta, sus aplausos, sus risas, sus giros de cabeza a uno y otro lado, sus sustos, sus incomprensiones, sus catarsis, su mirada de gratitud, su coger fuerte la mano de su pareja, su inclinarse para ver mejor algún detalle escondido o su señalar al compañero que ha descubierto algo que sucede en segundo plano, a ese magma de público, esa suma de diferencias, sólo podemos tenerle una profunda gratitud. Porque nos ha ayudado a entender mucho más esta aventura en la que nos hemos embarcado. Porque gracias a que han querido compartir esa intimidad y, de una manera o de otra, por unos momentos, la han hecho suya también, hemos crecido dentro del Amparo del Lliure tan rápido como niños enfebrecidos.

JO MAI es una obra de teatro, sí. Pero también es nuestra vida.



Eso es lo que le hemos ofrecido a todos los que han entrado por la puerta del Bar Amparo: Vida.

Y eso es lo que hemos recibido de vuelta, con creces. Mucha vida.

En nombre de toda la compañía, y en nombre de Frank, Isi, Maxi, Guille y Julia:

Gracias.



dimarts, 7 de gener de 2014

A una semana del Lliure...


"Maxi a vuelto"

Los chicos han hecho de las suyas. 

Si están la mitad de nerviosos que yo es que están MUY nerviosos. 

Y es normal. 

Después de hacer un poco de carretera con la obra, de montar y desmontar en Terrassa, en Girona, en Sitges, de enfrentarnos a una función de adolescentes rugientes, de hacer la obra literalmente del revés, de tocar en la calle "espontáneamente", de emborracharnos y jugar al "Jo mai" de verdad, de vivir la soledad de Guille, de viajar juntos, de reír mucho, de perdernos en la noche, de hacer trabajo de actores con caballos, de buscar una ropa con la que quedarnos de una puta vez, de escribir los poemas de Amparo, de investigar con Julia qué pasa de verdad cuando una mujer sufre la violencia de género, de bailar juntos, de hacer clases de dicción, de interpretación, de entrevistas, de visitar el Lliure y enfrentarnos al nuevo espacio, de abrazarnos fuerte, de hacernos más amigos y de aprender a confiar aún más los unos en los otros... vamos a tener, por fin, una casa, un Bar Amparo en el que refugiarnos tres semanas seguidas, donde compartir nuestra aventura con todos los que quieran venir a vivir con nosotros durante una hora y media.

Tanto tiempo esperando este momento. Y está al caer.

Llevo demasiados días encerrado, preparándome para este momento en soledad.

He re-escrito el tercer acto, limando, cortando, modelando el final de la obra para que el viaje sea más poderoso. He preparado la estrategia promocional con la gente del Lliure(¡vaya equipazo más poderoso que tienen en esa casa!). He pasado horas juntando el material que me ha pasado la compañía y añadiendo el mío propio para hacer el fanzine que regalaremos con la entrada, dibujando el comic de Isi, componiendo con cariño el collage que represente el universo de los habitantes del bar Amparo.

Un trabajo bonito, pero solitario.

Sé que Oriol y Álex se han estado apoyando, pasando horas juntos. Sé que Topo ha estado trabajando reforzando su técnica. Que Xavi está concentrándose. Que Marcel está enfocándose. Xavi Pla está organizando. Marta está manejando los hilos, dejándolo todo preparado. Y todos los actores están quedando para repasar texto y ponerse a punto.

Pero necesitamos estar juntos todos de una puta vez.


Hemos creado un equipo inmejorable. Los chicos de luces, los de sonido, han ido enamorándose del proyecto en cada bolo, lo he visto en su mirada, han ido entendiendo poco a poco que es esta obra y enamorándose de ella. Cada vez están más finos, y están con nosotros en la batalla.

No tenemos que buscar más allá. 

Ahora sólo tenemos que estar juntos otra vez.

Mañana repasan el texto "oficialmente", afinarán sus instrumentos.


Y el viernes nos encerraremos por primera vez en el teatro, donde vamos a trabajar intensamente hasta el día del estreno, encontrando los recovecos de la sala que nos digan que estamos en casa, repasando cada frase, cada mirada, cada roce, para que el día del estreno el Bar Amparo sea suyo, y sólo suyo.

La obra está ahí. Sabemos cuál es. Y, a la vez, sabemos que va a sorprendernos.

Tenemos que estar juntos otra vez. Olernos. Tocarnos. Reír. Llorar. Ya no queremos más tener buena suerte, queremos abrazarnos fuerte y hacernos volar.

No hay que buscar más lejos, "Jo mai" está dentro nuestro.

Ahora sólo tenemos que compartirla.

Primero, entre nosotros. Íntimamente.

Y luego, por fin, con vosotros.

Nos morimos de ganas. Y sólo podemos esperar que vosotros también.









(las fotos en B/N son de Greta Fernández, la foto en color es del archivo privado del sr. Sàez)

dijous, 10 d’octubre de 2013

Diana.

Diana es el nombre de la mujer que espera, embarazada, a Isi.

Hemos acorralado, a Isi. Le hemos hecho encontrarse con el celador de Maxi, violento; con Diana, firme; con el juez que encerró a Frank. Le hemos llevado al límite.

Hemos obligado a Isi a bajarse los pantalones, todo por una puta papela, y ha aprendido a tragar su quina.

Hemos encontrado la beatitud de Frank, y le hemos hecho tragar su tormenta. Los truenos sonaban tras él. Dentro de él. En la forma, nada. Sólo luz.

Hemos convertido a Maxi en un hombre. Hemos descubierto su soledad y la hemos abrazado.

Los hermanos han acabado llorando, abrazándose. Hay cosas que tocan demasiado cerca. Hay momentos en los que el actor y el personaje se difuminan.

Hemos dado voz a los ángeles y demonios de Julia. Hemos abierto su caja de pandora y la hemos obligado a luchar.

Julia ha tenido que hacerse de abogada y policía, usando su verbo y sus puños. Ha aprendido a mirarse al espejo, a enfrentarse a su violencia.

Hemos hecho que Guille la mire, la escuche. Guille ha aprendido a perder el control, a bajar a los infiernos. Y también a subir. Ha aprendido a sacar su monstruo contra ti. Y contra sí mismo.

Todo esto en el patio de mi casa, cuando llueve y cuando hace sol, cuando viene la familia y cuando estamos solos.

Sabemos hasta donde hemos llegado. Pero también sabemos hasta donde podemos llegar. Y no queremos conformarnos. Hay mucho en JO MAI para buscar, para excavar, para volar. Y con menos que todo no nos basta.

Hay que trabajar, hay que tener el instrumento a punto. Sabemos que sólo llegaremos al centro de las cosas si estamos afinados y afilados.

Y también hay que preparar la nueva promoción, darle forma. A veces no comprendemos el valor de saber hacer llegar las cosas. No sólo hay que hacerlas, hoy toca también usar un buen altavoz.

Fuimos a Terrassa. Allí empezaremos la mini-gira antes del Lliure. Me dio impresión. No nos puede comer el espacio. Vamos con las armas bien cargadas. Esa será nuestra primera batalla. Y sólo hay una opción.

Diana también es lo que debemos hacer, lo que no podemos desenfocar en nuestra cabeza. 

Hemos dado suficientes vueltas a JO MAI cómo para poder decidir, de las mil historias que la obra nos permite contar, cuál es la que verdaderamente queremos contar. Y esa es a la que apuntamos. No otra.

Lo sabemos, poco a poco, cada día más.

Tensemos el arco un poco más. Aguantemos. Con fuerza. 

Queremos hacer diana.

dimecres, 25 de setembre de 2013

Quemando.






Por fin puedo volver a escribir sobre JO MAI y su proceso.

De golpe, la garganta se bloqueó. Ya dije demasiado.

Primero, fue porque era la obra la que tenía que hablar.






Estábamos a punto de estrenar en el Grec y ya no me quedaba mucho por decir. Era la obra, eran los actores, los que debían dar el mensaje.

Fueron días intensos, febriles. Ya no había desconexión posible. Todo era el Bar Amparo, cualquier lugar en el que me encontrara tenía su techo.

Necesitábamos abrazarnos, gritar, cantar...


Aunque fuera desafinado. Era momento de sacarlo todo. Todo lo que habíamos ido cociendo durante tanto tiempo, cómo un magma demasiado tiempo hirviendo bajo tierra, necesitaba salir. Y salió. Cómo un torrente de fuego.



Normalmente, siempre suele ser así. Los estrenos de teatro son vómitos histéricos en los que sacas todo lo que has trabajado y esperas que todo encaje. Los actores se tiran al ruedo, kamikazes. El equipo lo mira todo desde afuera, mordiéndose las uñas, atento a cada suspiro, con el corazón en el cuello y los cojones de sombrero.

Poco puedes escribir en ese estado.

Y luego, después de los fuegos artificiales, viene la nada.

Una cena, unas risas, unas cervezas... Y, de golpe, el desierto.


Una sábana. Y el cuerpo inerte.

Silencio.

Con la poca fuerza que tuve me fui a Venecia, a la Biennale de arte. A aprender y a ver. A ingerir después de tanto arrojo. Tuve a un santo y a un gestor de guías. Y plateas y plateas para ver sudar a los maestros. Poco a poco, sin prestarle casi atención, JO MAI iba mutando en un rincón de mi cabeza. Y cuando se fueron los maestros y los guías y los amigos y los colegas y los buscadores, me quedé sólo entre los canales, mirando a San Miguel matando a Satanás. Y JO MAI seguía allí.

Cómo me pasó con SÉ DE UN LUGAR, sentí que el principio sólo había sido eso, un principio. Y aún quedaba mucho por aprender y por descubrir, pasos que deshacer, puertas que demoler, palabras que esculpir en piedra, sombras que iluminar y luces que ensombrecer. Y no había ya vuelta atrás. El camino se presentaba infinito.

Volví a Barcelona y me puse a escribir, a preguntarme, a despertarme y seguir esa chispa de iluminación que viene con el sueño, desovillarla. A buscar la raíz de JO MAI y fortalecerla.


Y sólo hemos empezado.

Hemos compartido el texto nuevo, con sus primeros cambios, sabemos que van a haber más, pero estos son por los que empezamos. Y a sudarlos. Y encajan. Y los ojos se nos vuelven a humedecer. Y sentimos que estamos más cerca. Cada día más cerca.

Hemos hablado con amigas, con amigos. Los demonios han salido a pasear. Nos hemos acordado de lo que estamos invocando. Y hemos vuelto a sentir miedo. Y el peso de la responsabilidad hoy, por eso, es más fuerte.

Debemos mirarnos con ojos nuevos, cómo si nos hubiéramos re-encontrado después de un largo viaje. Porque, de hecho, eso es lo que ha sucedido. Redescubrir a Frank, Isi, Julia, Guille y Maxi cómo si acabaran de re-encarnarse. Re-establecer nuestro orden y agarrarnos fuerte, de nuevo, desde ese otro lugar.



Vamos a movernos un poco, ahora, con los bolos. Eso es bueno. Te confronta con lo esencial. Pero antes tenemos que afianzar el suelo que pisamos. Y para eso no necesitamos mucha algarabía. Tan sólo pies desnudos, fuertes. 


Ellos saben, ¿no?

diumenge, 7 de juliol de 2013

Dia -18

Por fin hemos podido ver la arquitectura completa, de principio a fin. Caballos desbocados, pero rabiosos, alucinados, poderosos. Golpe al corazón. Medir la dosis. Cuánta sal, cuánta pimienta. El fuego en nuestras manos. Respirar hondo, porque quema. Visitas de amigos. Pol con la cola entre las piernas, removido. Coincidimos en el diagnóstico. Con Anna también. No toca ser odontólogo, sino cirujano. A corazón abierto, bombeando, sangrante. A quién no le gusten las vísceras que no se asome al interior. Joana nerviosa, no ha entrado. Marta, al otro lado, sin palabras, agradecida. Los dos polos, las dos pelirrojas, los dos fuegos. Xavi mantiene la calma. El terremoto bajo nuestros pies. Impaciencia. Ansia. Coger el bisturí. El doctor borracho de La Diligencia. El hombre gordo, viejo, débil, que necesita embriagarse para enfrentarse a la vida y a la muerte. Y de eso se trata. Pero hay que buscar la luz, hay que encontrarla, que saborearla cómo sólo pueden saborearla los que nacieron murciélagos. Cada vez más pobre, más austero, sin sedas ni trajes de plástico florescente. Nuevas semillas piden ser disparadas, la prueba de estar embadurnado de savia. Tenemos que buscar la luz. No podemos dejar escapar la luz. Dos semanas para abrir la roca, sacar el diamante. Está en nuestras manos. Es áspera, es oscura. Dos semanas para destrozar la arena sin que quiebre la luz. Cuánta entrega, cuánta ambición. No hay generosidad sin ambición. Muchas dudas, no del dentro sino del fuera. ¿Cómo serán los rostros al otro lado del espejo? ¿Serán rostros de herida, de rabia, de pena, de frío, de compasión, de conciencia? Sé fuerte, toma tierra, deja de perder los cordones por la calle, limpia tu casa, respira hondo, espera, ternura, silencio.






diumenge, 9 de juny de 2013

Dia -46.

Empezamos con ellos tres, en el patio de mi casa, bajo el sol achicharrante. Siguiendo el ritmo: Un, dos, tres, cuatro. Con las manos y con las orejas. Aprendiendo a escucharse, descubriendo lo que tienen que decirse. Y vemos que queda mucho camino, un desierto con piedras y cactus.

Luego entramos, de nuevo, en el local de ensayo, y fue cómo abrir la puerta de una patada y, con ese ímpetu, ocupar el espacio y empezar a recordar a base de movimientos y gritos; cómo uno de esos polvos adolescentes apresurados en la media hora que falta para que vengan sus padres. Lo que quedó claro es que teníamos ganas, muchas. 

Pues a cocinar.

Si hay que elegir un utensilio doméstico, entre el colador y el embudo nos quedamos con el último, por pura necesidad. Hay que encontrar un embudo en cada uno, a través del cuál todo, absolutamente todo, pueda pasar, pero sólo caiga por un agujero, estrecho, redondo. Un embudo en cada cuerpo, un embudo en la suma de los cuerpos.

Las mañanas son más domésticas, las tardes jugamos a tenis. Y, de manera alterna, Helio va recibiendo a cada uno y van tocando, cantando, afinándose.

Julia, Isi y Maxi empiezan a rascar, a encontrar su cuerpo, gracias a Joana, a quitar pieles y empezar desde el principio. Probamos ruidos que no nos sirven, y buscamos otros. Aún hay que encender las luces, tal vez. Aún debemos seguir mirándonos al espejo antes de mirar al público, un poco. Aún debemos abrazarnos, y sentir la ausencia de esos abrazos. Y Xavi y yo empezamos a tranquilizarnos, porque vemos que el terreno es fértil, y que el cielo amenaza chuzos.

Primero nos vamos de fiesta. Montamos una disco. Y bailamos y ligamos unos con otros. Así es más divertido todo. Y de ahí nace el abrazo. Luz verde: Así que entramos en materia densa. Jugamos al dolor. El único cuerdo, el árbitro, Xavi, nos mira a Anna, Joana y yo, boxeando con Julia y Guille, y va tomando apuntes. El circo romano. Mi rabia, tu rabia. ¿Quién quiere ir a los Toros pudiendo ir al teatro? El equipo funciona, somos una jauría pacífica. Échanos lo que quieras, que aguantamos.

Bob Marley se abraza a una de sus rastas, y empezamos a entender cosas. Frank va a fuego lento, cómo debe ser, cómo hace tiempo que lleva siendo. Pero Marcel es valiente, y apunta y dispara. Por muy lento que sea el fuego, debe quemar. Y quema. Fire burnin' El padre, el hijo. Y el Espíritu Santo vendrá otro día. Pero siempre tenemos la música. Y la música empieza a sonar diferente, cuando la llenamos de  necesidad.

También hay baches. También hay aprendizajes, no artísticos, sino vitales, porque arrieritos somos y en el camino nos hemos encontrado. Pero es importante saber escucharlos, entender qué han venido a decirnos, y hacernos más sabios con ellos. Y, después de eso, a seguir trabajando. Si aquí no funciona, funcionará allí. ¿Una más? Venga, estamos cansados, pero una más, que será la buena.

Y es la buena.

Y mi socio y yo nos arremangamos y nos enfrentamos a lo desconocido. 

Lección: Para enfrentarse a lo desconocido, lo mejor es un buen socio.

Julia conoce a Guille desde la barrera. Y Guille se conoce bajo la mirada de Julia. Vamos lejos. Vamos profundo. Cortamos la maleza. Damos el tiempo. Bajamos al pozo. Y apretamos aún más. Y no es más que gimnasia. Acabamos con el ritmo otra vez, y con un nuevo abrazo.

Y luego nos ponemos farrucos. Insistimos. Una y otra vez. Las mismas palabras. El mismo encuentro. Isi y Julia se descubren ad eternum. Pero así debe de ser, para que sea único de verdad. Para jugar, desde el peligro, desde la necesidad, desde la libertad pura. Y desde el aprendizaje de un oficio que no es instantáneo, que debe hacerse un sitio dentro de uno, a su ritmo, pero nunca sin cuidado. Eo, somos jardineros.

De nuevo, el sacrificio. Esta vez, el sacrificio real. De nuevo, jugamos al dolor. La técnica de la maquina humana. La voz de la caverna. El Toro que mató a Manolete. Frank asoma la pata, con sus uñas, con sus pelos. Se adivina. Llegamos lejos, y entonces es el momento de detenernos. Aún no. Debemos esperar.

Y, hoy, en el día -46, vamos a ver si todo esto tiene algo de sentido. 

De aquí a unas horas. 

Allí. 

Detrás de la puerta. 

A ver cómo tenemos el ritmo. No olvidemos: Un, dos, tres, cuatro.







diumenge, 2 de juny de 2013

Ahora o nunca.



Mañana empieza la última tanda de ensayos de JO MAI. Bueno, mañana no, cuando salga el sol, de hecho. Debo escribir unas palabras cómo director sobre JO MAI. Ya sabéis, ese tipo de cosas que a uno le cuestan tanto, por aquella cosa tan obvia de que si me fuera fácil escribir sobre lo que dirijo no tendría la necesidad de dirigirlo.

Total, que eso me ha obligado a echar cuentas.

Y hostias.

Eso me ha hecho descubrir que hace más de diez años que llevo dentro estas ganas devoradoras de abrir el Bar Amparo.

Lo sé porque recuerdo que un día la que hoy es la madre de mi hijo, que tiene diez años y por aquel entonces aún no lo habíamos ni siquiera gestado, me dijo, al pasar delante de un teatro: “De golpe me he imaginado que estaban anunciando BAR AMPARO”.

(BAR AMPARO era el primer nombre, o uno de los primeros, que barajaba para lo que ahora llamaremos JO MAI)

Eso indica que, ya por esas fechas, debía de estar dándole suficientemente la brasa con mis sueños cómo para convertirlos también en los suyos.


¿Cómo puede ser que haya tenido tanto tiempo dentro de mí las cuatro paredes de este tugurio y hasta ahora no me haya atrevido a compartirlo y sacarlo fuera?

Tal vez, no sé, solamente es una suposición, pero puede que sea una cuestión de forma y fondo.




El Bar Amparo es ese lugar que levantas, con lo que tengas a mano, con lo que sea, para protegerte de las tormentas del mundo exterior. Es el pasado que debes limpiar, sobre el que debes construir, para poder tener unos cimientos fuertes desde los cuales crear un futuro. Es ese lugar sagrado donde sólo puede entrar la familia que tú escoges que sea tu familia, los que sabes que verdaderamente van a cubrirte las espaldas y a proteger esa ermita en la que nadie más debe osar entrar.

La última vez que estuvimos todo el equipo de JO MAI juntos, leyendo, tomando té y charlando en mi patio, me di cuenta de que estaba empezando a envidiarles: No es sólo que les viera implicados en la historia, es que podía percibir su necesidad extrema de contarla, y tuve la certeza de que no pasaría mucho tiempo hasta que el BAR AMPARO fuera más suyo que mío.




Lo mejor del caso es que eso me dio mucha tranquilidad. Porque sé que el BAR AMPARO, con ellos, está en muy buenas manos.

Y por eso sé, profunda, radicalmente, que es ahora, y no antes, el momento de contar esta historia.

Ahora o nunca:

JO MAI.








(fotos de Helio Reguera, que se sepa si las usas, maifrén)

dimecres, 29 de maig de 2013

Más que longanizas.



"More good times"

Jack Nicholson









Hay días que no sabes donde coño meterte, que te crecen los enanos, que tus socios están poniéndose rojos cómo gambas en la isla de los Garriris y que a ti te abandonan hasta las garrapatas.

Días en que sólo puedes solucionar problemas, y que acabas dando vueltas por la cocina, desesperado, con la frustración del enfermo de Parkinson que intenta enhebrar un hilo mojado en una aguja o el daltónico que intenta resolver un cubo de Rubik.

Y lo intentas.



Y te sientas con Pau a retocar colores y luces y te hipnotizas y luego te sientas a comer y te encuentras con tu suegro político y acabáis tranquilos, más o menos, hablando sobre els Minyons acampant a Andorra. Es demasiado tarde para ser sobremesa, pero no es cuestión de ponerle pegas a todo.

Y Xavi te trae el plan de ensayos y lo ves todo ordenado y te tranquilizas una miaja y todo parece que podría, que tal vez, que lo mismo, que casi que sí, ¿que no?

Y están los actores y los productores en tu casa, sucia cómo cuando está sucia, y la pasta sale blanda, y no hay para todos, y se han acabado las servilletas y sólo hay papel del culo, y la gente echa de menos el queso pero le dan a la sal, y estáis hablando de dinero, de caché, de "comercial" y "teatro público" y "privado", y parece que a pesar de todo todo el mundo parece tranquilo y la gente se enseña las cartas a la cara y no hay sospechas ni gato encerrado, así que la pasta blanda y la casa sucia no parecen ser demasiado molestas.

Y son las dos de la madrugada y sigues respondiendo mails, pero los vas respondiendo, y lo más probable es que no te hayas olvidado de ningún adjunto.

Y llegas tarde a todos lados, pero llegas, y la gente te sonríe, en vez de pegarte la patada que te mereces. E incluso, si no llegas y les das plantón, porque la reunión de las diez se ha alargado y la de las cuatro la han anticipado, te siguen dirigiendo la palabra y te muestran cierta comprensión.

Porque lo intentas. Y lo intentas un poco más.

Pero hay días que la cosa encaja.

Hay días que hace sol, y podéis salir al patio, y cogéis los textos y los escondéis. Y Frank, Isi, Maxi, Julia y Guille salen a tientas. Asoman una patita. Y la otra. Y al final sacan todo el cuerpo. Y bailan. Y Marcel se remueve y llora. Y Álex apunta y acierta. Y Topo escucha con sabiduría. Y Oriol ha aprobado las seis. Y Xavi se ha puesto cachísimas. Y Anna se subleva y te gana. Y Xavi hace esfuerzos por seguir frío. Y Helio se excita, con flecos.

Y sabes que está siendo uno de los esos días.

Y entonces los "otros" días han merecido la pena.

Se abre la veda. Van a haber muchos días, ahora. Más que longanizas.














dijous, 16 de maig de 2013

La niebla desde el campamento

Una y media de la madrugada, pasadas. Llueve, Neneh Cherry sonando y mails y llamadas y webs y planificación y que si esto y que si lo otro...

La niebla de la guerra se acerca, pero aún estamos en el campamento base, mirando los mapas, repasando estrategias. Queremos entrar en la batalla con las armas afiladas. Tú me cubres las espaldas y yo te las cubro a ti.

Lo peor es que no puedo ir al teatro ni a conciertos ni al cine, casi. No hay tiempo material. No sólo no me puedo alimentar del trabajo de los demás cómo me gustaría, sino que ni siquiera puedo ver lo que hacen mis amigos. Lo siento, tíos, soy un gilipollas, me he perdido la última del Prat i Coll, el concierto de la nueva banda de Maxwell Wright, dos o tres obras con Pol López, los shows de Nico&Sunset, y decenas de cosas más...  Lo único que puedo ver es, cuando he acabado de currar, las enormes pelis que me ha pasado Fernando. Ahí soy feliz, comida para el alma. Hay que ver lo que hacen los maestros. Wiseman, Gainsbourg, Forman... Te das cuenta de que no eres más que otro capullo intentando hacer algo perecedero. Pero un día decidiste no quedarte a vivir en esa albergue cutre de New Orleans con esa chica del pelo violeta y ahora hay que apechugar.

Hora sí, hora también, con Marta al teléfono. Instrumentos, reuniones, contratos, deadlines... La tía sabe latín y conoce este oficio y sus laberintos cómo alguien que lo ama pero que a la vez sabe lo mal que le huele el aliento cuando se despierta. Esa mezcla de ingenuidad y procacidad es una buena vacuna contra el desánimo, y si algo hay que dinamitar en estos días de estulticia es el desánimo. Con Marta tenemos una buena sombra donde refugiarnos, Ca La Independenta cuina calenta, es nuestro Bar Amparo.

Marcel se pilla un Bicing, corre para el TNC a ensayar. "Este verano moriremos", decimos, "pero moriremos felices." Otra mañana corriendo, en la Barceloneta, al lado de la casa donde me crié, el tío ya se está convirtiendo en Frank. "Putos guiris", me dice, después de matarse a flexiones y abdominales ante el mar. Y sé que ya es Frank quien habla, no Marcel, así que es mejor callar. Cierra los ojos, alerta, y deja que Frank mande.

Álex salta de un lugar a otro, impaciente, pero con una intuición privilegiada. En sus brazos, su hijo. Isi, poco a poco, va tomando cuerpo. Va venciendo sus miedos y llenándose de valor. Le daremos paz. Este será nuestro regalo. Esta será su fuerza.

Xavi, en mi casa, peleándose contra un peluche de Roc. Dialogando con la luz de mi salón. Mirándose al espejo y viéndose niño, desnutrido, iluminado. De golpe se ríe, se muere de la risa, estalla. Y sé que hemos roto la cáscara.

Oriol también dialoga con el espejo, valiente. Firme. Hemos aprendido a no saber, a respetar lo desconocido. Buena munición.

El equipo va terminando de cerrarse. Xavi Pla se une, tras decir "Correcte", y ya empieza a avistar los puntos flacos, para eso le hemos llamado. Rai, en el Terra Bar, conoce un poco mejor la historia, de principio a fin. Y sonríe con ese gesto de niño travieso-que-se-hace-pasar-por-tímido y sé que vamos bien. Helio me envía sus fotazas mientras Marina teclea y teclea y revisamos deadlines y agendas. Con Joana también sincronizamos relojes, establecemos protocolos, nos tiramos al suelo, discutimos ideas preconcebidas, planificamos estrategias de ataque y comemos espinacas y el arroz de ayer.


Y luego me estiro, en albornoz, en el sofá.

Fuck it. Mañana me tiraré con mi hijo del tobogán acuático más grande de Europa.






diumenge, 12 de maig de 2013

Running


Nos encontramos a Carles Santos por la calle, le saludamos y yo pienso que tendremos que invitarle a un ensayo, Lali me anima a hacerlo, y hoy el Fonde me corrobora que es una buena idea. Lo que nos pueda decir este señor acerca de la música en escena y la visceralidad contada con belleza es oro. Sólo de imaginar la cara de Álex o de Ori, los más jóvenes, escuchando los posibles comentarios del Gran Santos se me hace la boca agua. Debo apuntarlo en la agenda. Topo lee, mientras Roc se dedica a jugar al Pingu con mi Mac. Los ojos de Topo se humedecen a medida que el texto va entrando en ella y va dejando de ser eso, texto, y yo, cómo un director egoista y quirúrgico, en vez de detenerme, sigo preguntándole y sigo rascando con preguntas y más preguntas, y Topo, valiente, se coge a la ola y sigue surfeando, sin escapar. Sigamos por aquí, sigamos por este camino, parece un buen camino. Llevo a comer a Álex al Juicy Jones y le explico la historia del Kinderheim, y del Mars, historias de adolescentes que buscan entre la niebla sus propios orfanatos, que tocan el cielo, historias de Bares Amparos. Y hago el ejercicio de conocerle un poco más, porque debemos conocernos para cubrirnos las respectivas espaldas, y le pregunto por sus miedos y le cuento los míos, y se nos suma un yonki de barrio, el Super, de esos que sólo se suman a los adolescentes buscavidas, y me siento, por unos momentos, otra vez, recordando un pasado más cercano de lo que creía, de nuevo, un adolescente buscavidas.

 

 Reunión va, reunión viene, con la gente del CCCB, con Marta y Carles. Las ideas que tenemos para convertir el CCCB en un eventual Bar Amparo van calando, y luego más reuniones con Inma, Semo, y los demás del Antic Teatre, entendiendo y acomodando cada paso del proceso. Helio viene, puntual, empieza a ser puntual el hijoputa, y nos ofrece otra banda para tocar con ellos la Noche Jo Mai, Ultratumba, y les escucho y suenan cómo una pesadilla. Son perfectos. Lluís aparece, se quita la camiseta, abre la nevera, saca una lata y dice que tiene un título idóneo para una obra: “Aixó no serveix per res i no li importa a ningú” Y yo le saco el Book of Art , tochazo, el libro de Caravaggio, el de Rusinyol versus Picasso y el de Psicología del Color. Toma, moreno. Y empezamos a viajar, con la música, cómo dos púgiles agotados que no quieren salir de la pista. Escucha esto: “Ding ding dong o ding ding dong da di do ding ding dong” Y le pongo videos de Tyler The Creator. Y le pongo el video de NITCH/JO MAI. “Sou molt moderns”, me dice. Y al día siguiente, froidianamente, me pongo la camiseta de PUTOS MODERNOS.

 

 Y con mi gorrita de BCN FINEST y Marcel con su camiseta de furbol de Iraq corremos mañana sí, mañana también, hasta que mi castigado cuerpo de treintañero friqui lo permite, ponemos el cuerpo un poco al límite y luego, ya en la playa, ante un grupo de modelos en bikini abriéndose de piernas, o al menos así queremos imaginarlo, buscamos a Frank, o en el anfiteatro del parque al lado de la estación del Nord. Que mande Frank, que mande Frank, que mande Frank. La última clase en Torre Llobeta. Tanto Maxi a nuestro alrededor, tanto Maxi en nosotros. Qué bravos, qué bizarros(recuperemos el sentido castellano de la palabra “bizarría”, por favor), qué admirables. Los chicos nos leen sus cuentos, sus piezas teatrales. Joder, cuanto tenemos que aprender. Cuanto tienen que decir. “On the road”, de Warter Salles, no es tan mala adaptación de la novela, ni mucho menos. Hay varias cosas que explica muy bien. Cosas que no son fáciles de explicar y que uno agradece. Joder, tío, gracias por contar esto, gracias por decirlo. Gracias por hacerme sentir menos solo. Esa mirada de Sal hacia Dean, al final, su viejo héroe ya roto, destrozado por los tubitos de pastillas, el frío y por su voracidad. Y tú de smoking, esperando ir a ver a Duke Ellington o a quien sea. Sí, joder, te quiero mucho, y te echaría un cable, pero me tengo que ir, tengo que hacer mi camino, vivir mi vida. Pero, coño, te miro y eres mi familia. Estamos en caminos diferentes, debo agarrarme con fuerza a estas nuevas vías, a estos raíles vírgenes, pero, coño, joder, hostia puta, joder, eres mi familia. Tus ojos me llaman, tienen mucho que contarme. Y alguien debería escucharte. Tu historia no es la que querrías contar, seguramente, pero es tu historia y de nadie más. De la misma manera que, porque te encontré fuera de casa y juntos hicimos casa, por eso tú eres mi familia incluso más. Incluso.

 

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